Un romántico intolerante, un soñador que no se amedrenta ante la terrible realidad, un hombre de ideales altruístas y métodos maquiavélicos.
Aquel que, ignorado por el idiota promedio, ríe en medio del espectáculo que presenta éste lento apocalipsis que vivimos.
O, a resumidas cuentas, una contradicción caminante (aparte de un miserable que obliga a la gente a leer larguísimos textos de corte megalomaníaco, saturado de estúpidos oximorones).
La perdurable vigencia de esa descripción tan rimbombante me perturba. Ah, y la remozé un poco.